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El Universitario | Especial

Conmemorar el “Grito de Córdoba” para reflexionar el futuro de la universidad

Por Jean-Michel Blanquer*

Valoro el movimiento de Córdoba de 1918 porque siempre ha sido una referencia clave en la historia de la universidad que tiene, en la actualidad, un sentido muy particular. Para entenderlo hay que tener una visión histórica de la evolución de la universidad que comienza, por supuesto, con la creación de las primeras universidades en el siglo XIII en Europa, especialmente en Italia, Francia e Inglaterra. Hasta el siglo XVIII es una historia de desarrollo, especialmente en el continente americano, tanto en América Latina como en América del Norte. También es una historia de la disminución en la exigencia tradicional de independencia. Por eso, en el siglo XVIII algunas obras critican a las universidades por haber perdido la distancia frente al poder político y del resto de los poderes. La obra de Immanuel Kant El conflicto de las Facultades es sumamente importante para entender el cambio de época que corresponde al fin del siglo XVIII, cuando el autor explica que las nuevas facultades (las de arte y ciencias) son en realidad las nuevas e importantes facultades frente a las “facultades altas”, que son las del pasado (en cierta manera, las de teología, derecho y medicina).

Este pensamiento de Kant empieza a ser muy concreto con el proyecto de Alexander von Humboldt. La creación de la Universidad de Berlín en 1808 corresponde al nacimiento de la universidad moderna, la que sigue siendo nuestra referencia, ya que pone las raíces en una universidad pluridisciplinaria, que también afirma su independencia frente a todos los poderes y se ve como el centro del mundo. En cierta manera, de un “mundo de la luz” en el que el conocimiento es el punto de legitimidad de todas las actividades sociales. En este contexto, el desarrollo de todas las universidades del siglo XIX corresponde al proyecto de Humboldt.

Lo que sucede con el movimiento de Córdoba en 1918 es algo nuevo, un grito que pide ser fiel a las raíces del siglo XIII y XIX, pero para pasar a una nueva etapa. En la historia mundial de las universidades, Córdoba constituye un “grito” para la democracia y esto es crucial, ya que a inicios del siglo XX, la idea de que la democracia pudiera de ir de la mano de la realidad académica fue algo completamente novedoso.

Incorporar la idea democracia en la universidad fue algo atípico, porque no se decide una teoría científica gracias a un principio democrático “de voto”: el paradigma científico obedece a una lógica distinta del paradigma democrático. Sin embargo, el encuentro entre ambos paradigmas es lo que ocurre con el “grito de Córdoba”, lo cual resulta muy enriquecedor: se trata de abrir mucho más la universidad a las masas, al pueblo y también de reafirmar, en un nuevo contexto, la independencia de la universidad. Por eso ha tenido tanta importancia para América Latina, pero también para aquellos que tienen una visión mundial de la universidad.

Creo que un siglo después, sigue habiendo una gran actualidad en este “grito”, pero también tenemos que ver en qué medida estamos en una nueva etapa de esta historia mundial de las universidades. En este sentido, el movimiento de Córdoba nos puede inspirar para reflexionar sobre la nueva universidad en el contexto tecnológico de hoy. Para mí, la pregunta clave es en qué medida este mundo tecnológico puede ser más humano. Y es la universidad la que tiene parte de la respuesta. Por eso, los retos organizacionales, políticos y democráticos de la universidad se plantean otra vez y de una manera renovada. También por eso, celebrar un siglo del movimiento de Córdoba no es solamente un acto de conmemoración sino también un acto de prospectiva. Entonces todas mis felicitaciones por organizar una reflexión un siglo después y toda mi amistad en este sentido.

* Ministro de Educación de Francia desde 2017.


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