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El Universitario | Enfoques

Corazón de mosca

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La mosca de la fruta motivó el interés de genetistas de la UNNOBA, por las similitudes que tiene su corazón y el humano. “Los genes que regulan el corazón de esta mosca y de mamíferos están conservados, es decir, son semejantes y no han cambiado demasiado a lo largo de la evolución. Podríamos decir que el desarrollo del corazón de la mosca y el humano es similar”, sintetizó Paola Ferrero, docente de la Escuela de Ciencias Agrarias, Naturales y Ambientales de la UNNOBA.
 
Debido a que el funcionamiento del corazón es muy parecido, la investigación permite indagar en enfermedades cardiovasculares humanas. “Nosotros cuando envejecemos tenemos las mismas enfermedades cardiovasculares que las producidas en la mosca de la fruta”, reveló la doctora Ferrero, directora del proyecto e investigadora del CONICET.
 
Ciertamente, cuando el ser humano envejece es propenso a sufrir ciertas enfermedades en el corazón como arritmias e insuficiencia cardíaca. En esta línea, el equipo de investigación estudia qué genes son responsables de producir esos efectos en la mosca. “Por lo tanto, podemos seguir estudiando cómo impedir que esos genes causen las enfermedades cardíacas que acarrea el avance de la edad”, planteó la docente de la carrera Licenciatura en Genética de la UNNOBA.
 
El estudio de la genética genera aportes para el tratamiento de este tipo de enfermedades. “Al conocer el gen responsable de la arritmia, podemos saber cuál es la causa de ese problema”, explicó Ferrero. “Cuando se trata una enfermedad con fármacos en una edad avanzada, muchas veces se trata el efecto, que puede tener múltiples orígenes. En nuestros estudios apuntamos a conocer las causas”, manifestó.
 
Los resultados de este estudio fueron publicados en la revista científica PLOS One. Dentro de las conclusiones más relevantes se plantea que el envejecimiento reduce la frecuencia cardíaca, aumenta las arritmias y modifica la cinética del calcio intracelular, un componente esencial para la contracción del corazón. Además, se descubrió que la sobreexpresión de una proteína quinasa, que regula el calcio en el corazón de la mosca, aumenta la frecuencia cardíaca, reduce las arritmias y modifica la cinética del calcio intracelular. “Hasta el momento solo podemos asegurar que los cambios en los niveles de expresión de esa proteína repercuten en el funcionamiento del corazón”, señaló Ferrero, docente de la asignatura Biología Celular y Genética molecular.
 
Si la proteína quinasa tiene esas consecuencias, sobreexpresarla podría resultar, en apariencia, beneficioso. “Siempre y cuando esto suceda en edades tempranas”, aclaró Ferrero. “En los atletas, que tienen el corazón adaptado para responder al ejercicio, muchos genes están sobreexpresados y esto es beneficioso”, ejemplificó. En cambio, según la genetista, en edades avanzadas la sobreexpresión de quinasa es perjudicial.
 
Aún queda por resolver si en edades avanzadas en la mosca la sobreexpresión de la quinasa es perjudicial como en humanos, ya que los síntomas de envejecimiento entre mosca y humano son similares. “Tenemos que estudiar si en las edades tempranas del humano, la sobreexpresión de esta quinasa es beneficiosa como en la mosca”, añadió.
 
En concreto, el proyecto de investigación, en el que participan docentes y graduados, se denomina “Drosophila melanogaster como modelo para el estudio de enfermedades cardiovasculares humanas”. “En este momento en el país no hay nadie haciendo esta investigación, somos los primeros y únicos que analizamos la genética asociada a la fisiología cardiovascular de Drosophila melanogaster”, dijo Ferrero. En verdad, el estudio de la mosca les permite realizar estudios “agresivos” que no se podrían llevar a cabo en humanos.
 
La praxis del proyecto, acreditado por la UNNOBA, se lleva adelante en el Centro de Investigaciones Cardiovasculares, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de La Plata. Además, tienen un convenio internacional con la Universidad autónoma de Chiapas, México.
 
Ferrero subrayó que este estudio es un proyecto de investigación básica. Eso implica que no se apunta a obtener resultados a corto plazo para la aplicación en el campo médico. La docente comentó que este tipo de investigaciones abordan el conocimiento primario de las cosas y generalmente no culminan en una aplicación inmediata. Sin embargo, valoró este tipo de estudios: “Si no existiera la investigación básica no surgirían las aplicaciones”.
 
Además de Ferrero que dirige el proyecto, el equipo de investigación está integrado por la licenciada Manuela Santalla (UNNOBA) y los doctores Carlos Valverde, Alicia Mattiazzi y Ezequiel Lacunza (UNLP).
 



Genes y enfermedades
 
Manuela Santalla es licenciada en Genética de la UNNOBA e integra el equipo de investigación que estudia el corazón de Droshophila. En diálogo con El Universitario explicó qué relación existe entre la predisposición genética y la manifestación de ciertas enfermedades en los seres humanos.
 
“En condiciones normales todos tenemos los mismos genes”, expresó. Sin embargo, algunas enfermedades se producen por cambios en la expresión de estos genes, lo que ocurre muchas veces de “manera espontánea” o “inducidos por el ambiente”.
 
Santalla, ayudante diplomada de la asignatura Biología celular y molecular, explicó que tener predisposición genética a una enfermedad no necesariamente implica desarrollar esa patología. En verdad, la presencia del gen no es suficiente, ya que éste debe activarse. “El gen es la receta pero necesitás los ingredientes”, gráficó Santalla.
 
En esta línea, aclaró que “muchos factores influyen” en la posible aparición de la enfermedad: el ambiente, la radiación que la persona recibe, como también los modos de alimentarse. “No es lo mismo crecer en África que en Rusia, hay muchas variables que van a intervenir”, ilustró Santalla.
 


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