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Lechería: escenario actual que invita a mirar el futuro

TAMBOEl médico veterinario y docente de la UNNOBA, Raúl Rossi, opinó que la producción lechera en Argentina está pasando por “un buen momento”, después de haber atravesado períodos de estancamiento. Sin embargo, consideró oportuno implementar una serie de incentivos para evitar que el productor se “vaya a otras actividades, como la agricultura”.
 
El docente de la asignatura “Bovinos de Carne y Leche” en la carrera de Ingeniería Agronómica , en diálogo con El Universitario analizó el comportamiento de la actividad y advirtió que la producción lechera -como la ganadería- sufrió un corrimiento hacia zonas marginales, a causa de la expansión de la agricultura. “Se han formado cuencas extra-pampeanas, espacios antes reservados al ganado destinado a la producción de carne que ahora se utilizan para la producción tambera”, explicó.
 
De esta manera, disminuyeron considerablemente los establecimientos dedicados tradicionalmente a la producción lechera en la zona de la Pampa Húmeda. Un ejemplo es lo que sucedió en Pergamino, “un lugar históricamente tambero en el que hoy quedan 12 tambos y funcionan 7 industrias relacionadas a la lechería, es decir que se importa leche de otros distritos para producir lácteos”.
 
El especialista atribuyó esta disminución a la expansión del cultivo de soja. “Este grano obtuvo durante muchos años una mejor renta y el productor se fue pasando a esa actividad, lo que fue empujando al tambo hacia zonas marginales”, graficó.
“Muchas veces existe un desfasaje entre el precio de la soja y el litro de leche y esto va en desmedro de la actividad, pensemos que la mayoría de la producción se hace en campos alquilados y que el precio de esos alquileres se pauta en quintales de soja. Un productor lechero que trabaje en esas condiciones produce leche y paga en soja y, entonces, el costo puede llevarse un porcentaje alto de la renta”, describió el docente.
 
En lo que hace al nivel de inversión, sostuvo que “aunque el costo es alto, la agricultura tiene menos capital de inversión pero más riesgo. La ventaja de la lechería es que, aunque tiene menos rentabilidad, es más estable en el largo plazo”.
 
El mapa de la producción
 
Rossi también describió el mapa productivo actual: “A nivel nacional se exporta el 25 por ciento de lo que se produce y el resto se emplea para abastecer al mercado local. El 82 por ciento de lo que se produce se emplea para elaborar algún tipo de derivado y apenas un 18 por ciento se consume como leche fluida”.
 
En este sentido agregó que cada argentino consume en promedio 210 litros de leche por año, y gran parte de ese total a través de quesos.
 
A su juicio, una manera de estimular la producción de leche sería a través de incentivos. Rossi fue taxativo al señalar que en este momento “no existen”. “Sería necesario que se establezca un paquete de medidas que permitan aumentar la producción a nivel nacional porque esto permitiría exportar más y asegurar que el consumidor acceda a lácteos a un precio de bolsillo razonable”, consideró. “Si no se buscan o se tienen incentivos, lo que va a pasar es que habrá menos leche y cada vez estará más cara en la góndola”, advirtió el docente.
 
En la opinión del docente algunas herramientas para incentivar la producción lechera podrían instrumentarse a través de subsidios y políticas inmobiliarias: “Serían iniciativas para que el productor vea un incentivo en transformar el grano en leche, y agregándole valor a la producción dentro del mismo establecimiento”.
 
Pensar el largo plazo
 
El especialista consideró que el presente de la actividad “es propicio” para pensar medidas “de largo plazo”. “Actualmente el productor lechero no se va a la agricultura porque la coyuntura es favorable y porque la soja perdió rentabilidad. Pero si no aparecen incentivos habrá cada vez más productores que se vuelquen a la agricultura, lo que generará una mayor concentración de la actividad en manos de pocos productores que deberán intensificar sus prácticas para producir más leche por unidad productiva, con las consecuencias que ello trae a la sustentabilidad”, señaló.
 



La investigación, una herramienta
 
Rossi comentó que la lechería es un campo propicio para el desarrollo de la investigación. En este sentido destacó la tarea del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), que cuenta con trabajos que el productor puede utilizar “tranqueras adentro”.
 
“También hay trabajos interesantes sobre la producción de forrajes y algunas investigaciones sobre rotaciones tamberas que estudian el impacto que tiene la intensificación, ya que el modelo de menor rentabilidad ha hecho que el productor haya tenido que intensificar su producción. Esto significa poner más vacas para sacar más cantidad de leche por hectárea, lo que afecta la sustentabilidad”.
 
“A través de la investigación se busca conocer cuál es el modelo productivo más adecuado, aquel en el que conviven una mayor rentabilidad, productividad y sustentabilidad de la actividad lechera”.
 
Con respecto a la tarea que desarrolla la UNNOBA, Rossi aclaró que “no hay líneas de investigación en tambo, pero sí líneas de extensión que supondrán la realización de un censo en los tambos del municipio de Pergamino para tener un diagnóstico de situación que luego permita plantear estrategias”.


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