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El Universitario | Enfoques

“No hay juicio si no hay peritaje”

peritos

El hombre sonríe, prepara sus notas y encara la entrevista con la misma seriedad con la que habitualmente recibe en su despacho los casos judiciales. Luis María Rosas respira profundamente antes de informar algo que el cronista tiene que saber: “Nuestro departamento judicial tiene ocho distritos a cargo, 500 mil habitantes, por eso todo lo que se ve en los diarios lo analizamos acá”.
 
Como médico forense del Departamento Judicial de Junín, Rosas ha intervenido en numerosos casos y, fruto de esa experiencia, propuso a la UNNOBA el dictado de un curso de posgrado. “Peritaje judicial en el ámbito laboral, penal y civil” se constituye así en un espacio pensado para el trabajo interdisciplinario con profesionales que provienen no sólo del derecho o la medicina; también hay calígrafos, psicólogos y trabajadores sociales.
 
“¿Por qué hacer un curso para todas las disciplinas? Es una idea que tuve al ver falencias en la práctica cotidiana. No sólo hay que saber cómo actuar, también hay que saber pedir a otros profesionales, preguntar, interactuar, hacer una sinergia entre todos los campos del conocimiento del peritaje”, explica Rosas, coodinador del curso.
 
Peritar la realidad
 
“Peritar significa que alguien, especialista en una materia, aclara o colabora con la justicia en la resolución de un caso”, indica el docente. Tienen más popularidad o son más conocidos determinado tipo de peritajes, como los psicológicos y los de ADN, pero para las causas civiles y laborales existen todo tipo de estudios posibles. “La idea es tratar de actualizar y enterar a otras profesiones de los avances en las distintas ciencias”, puntualiza.
 
– Los forenses tienen mucha fama gracias a las series televisivas. ¿Qué opinión tiene de lo que se puede ver en estas ficciones?
– En la primer clase hablamos de eso y realmente hay cosas que nunca se ven, como una serie en la que habían encontrado al asesino por el pelo de un gato. Pero sí mediante los bancos de ADN y de huellas dactilográficas podemos identificar a los sujetos, eso es real. Tenemos el reciente caso del hombre detenido por el crimen de Paola Tomé: el ADN se lo habíamos hecho nosotros en el 2004 y eso permitió hacer la comparación por la que se lo identificó.
 
Circula con fuerza la idea de que la técnica brinda herramientas infalibles. Frente a esto la pericia individual y la carga de subjetividad que tienen los peritos pueden aparecer opacadas. Rosas cuenta que “justamente el objetivo del curso es hablar sobre las técnicas y cómo ayudan a resolver casos”. Pero aclara: “De todos modos hay un nivel de pericia humana, como por ejemplo en una autopsia, que es irreemplazable”.
 
Justo y verdadero
 
Más allá de la técnica, hay una dimensión ética en el trabajo del perito. Son quienes terminan brindando las pruebas que, en última instancia, determinan un camino de la justicia. Rosas indica que los peritos que forman parte del Poder Judicial hacen un juramento, una vez y para siempre. Para sopesar el tema agrega: “Hay que entender que no hay juicio sin peritaje. No existe ningún juicio, de ningún tipo, si no hay un peritaje hecho”. Según sus palabras, se deduce la íntima relación entre justicia y peritaje.
 
– Si el perito trabaja por disciplina, ¿por qué es importante que dialoguen entre los distintos peritos y sepan lo que hacen los demás como plantea su curso de posgrado?
– Si yo voy a una historia clínica y sospecho que me cambiaron una parte, tengo que hablar con un calígrafo. Así sucedió por ejemplo en el caso de Miguel Bru, en el que la policía borró el ingreso del estudiante con un corrector y escribieron arriba. Los peritos calígrafos dictaminaron que abajo estaba escrito otro nombre.


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