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El Universitario | Especial

¿Qué significa la Reforma Universitaria hoy?

Por Rodrigo Arocena Linn*

Hace cien años la juventud argentina de Córdoba logró convocar a la militancia a lo largo y a lo ancho de América Latina en pro de la Reforma Universitaria. ¿Cuál es el significado actual de esa convocatoria? El propósito reformista puede ser resumido diciendo que se apuntaba a democratizar la universidad para que la universidad contribuyera a democratizar la sociedad. Así entendida, la Reforma es todavía más relevante hoy que en 1918, pues apunta al núcleo del poder y la desigualdad en el mundo contemporáneo.

El conocimiento científico y tecnológico avanzado se ha convertido en la base fundamental del poder económico, militar, también político e incluso ideológico. El acceso a ese conocimiento, la incidencia en su generación y uso, constituyen asuntos clave en las asimetrías entre regiones, naciones y grupos sociales. Estrechamente ligada a tales asimetrías, se hallan las que tienen que ver con el acceso y el progreso en la Educación Superior, las que inciden en las diferencias de ingresos, de peso político, de vinculaciones sociales y de calidad de vida en general. Así han cobrado gravitación creciente las divisorias del aprendizaje; ellas colocan arriba a las personas que tienen oportunidades de aprender a alto nivel y seguir aprendiendo siempre en ocupaciones que demandan conocimiento e innovación, mientras que dejan del lado de abajo a las personas que carecen de tales oportunidades.

La condición periférica hoy se caracteriza ante todo por una baja incidencia del conocimiento avanzado y las altas calificaciones en el conjunto de la producción de bienes y servicios socialmente valiosos. Significa estar del lado de abajo de las divisorias del aprendizaje. Los países periféricos tienden a ser dependientes. Los países periféricos y dependientes son subdesarrollados. A pesar de las importantes oportunidades económicas y políticas de las que América Latina dispuso en los años iniciales de este siglo, nuestro subdesarrollo no fue realmente erosionado y su rostro desagradable vuelve a hacerse evidente en gran parte de la región.

La persistencia del subdesarrollo refleja la combinación de varias causas, una de las cuales es nuestra incapacidad para hacer que la generalización de la educación terciaria y el uso socialmente valioso del conocimiento avanzado sean palancas del Desarrollo Humano Sustentable. Tamañas tareas no son fáciles por cierto; aun si hubieran sido propuestas desde ámbitos con alto poder de convocatoria e impulsadas con amplio apoyo, sería difícil avanzar sustantivamente en esa dirección. ¿Pero nos lo hemos propuesto realmente? La tradición reformista sugiere lo que habría que hacer, si nuevas generaciones se dispusieran a pelear de maneras nuevas por las viejas banderas.

El programa de Córdoba apuntaba a combatir las restricciones que hacían de la Educación Superior un privilegio de minorías. Hoy eso implica generalizar el acceso a la educación avanzada, combinada a lo largo de la vida entera con el trabajo creativo, el ejercicio de la ciudadanía, la creación cultural y la protección ambiental. Ello requiere enseñar dentro y fuera de las aulas habituales, entendiendo que todo ámbito social donde una labor socialmente valiosa es bien desempeñada, constituye un aula potencial. La calidad educativa requiere combinar la enseñanza por disciplinas con la enseñanza por problemas, entendiendo que quienes aprenden son los principales protagonistas de los procesos de aprendizaje.

La tradición reformista de avanzada procuró a la vez promover la investigación de alto nivel y vincularla con el desarrollo, entendido como transformación integral. Cuando los problemas de la insustentabilidad ambiental y de la desigualdad social se hacen cada vez más graves, aquella tradición tiene más vigencia que nunca. Se trata de promover la creación original en todos los campos del conocimiento y la cultura, priorizando la contribución interdisciplinaria al Desarrollo Humano Sustentable, en colaboración con los más variados actores sociales.
La vocación por colaborar con actores externos aparece en el programa de la Reforma ligada ante todo a la extensión universitaria. Ésta puede ser brevemente caracterizada como el conjunto de formas de cooperación entre actores de adentro y de afuera de la universidad, en procesos interactivos donde cada actor aporta su propio saber y todos aprenden en la búsqueda conjunta de soluciones a los problemas colectivos, con atención especial a los que afectan a los sectores sociales postergados.

La práctica interconectada de la enseñanza, la investigación y la extensión, vinculando las tres funciones con la sociedad en su conjunto según se ha sugerido, puede y debe abrir el camino a contribuciones de las universidades a la democratización del conocimiento que sean mucho mayores que las actuales. Ahí radica la principal asignatura pendiente de la Reforma Universitaria en el siglo XXI.

*Rector de la Universidad de la República (Udelar, Uruguay), del 2006 al 2010, y del 2010 al 2014. Matemático, cientista social y docente uruguayo.


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