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Recital en homenaje a Atahualpa Yupanqui y Nenette

El viernes 14 de diciembre en el auditorio de la Sede Pergamino de la UNNOBA se realizó un recital folclórico que recorrió una parte importante de las obras de Atahualpa Yupanqui, bajo el título: “Atahualpa/ Nenette. 110 aniversario”, en homenaje a un nuevo aniversario del nacimiento del poeta y de su esposa, Nenette (quien firmara bajo el seudónimo Pablo del Cerro).

Con el auspicio de la UNNOBA, a través de la Secretaría de Cultura, del evento participaron los artistas locales Mónica Rodríguez, Bernardo Ramallo en canto, Arturo Zeballos en solos de guitarra; el profesor Pedro Marlo e invitados especiales.

El repertorio interpretado incluyó los siguientes temas: La Arribeña (zamba), Paisano Errante (milonga pampeana), Tierra Querida (zamba), La Colorada (chacarera), La Flor del Cerro (zamba), Guitarra Dímelo tu (canción), Danza del Maíz Maduro (carnavalito jujeño), Yo quiero un caballo Negro (triunfo),  La Amorosa (zamba), Piedra y Camino (zamba),  La Alabanza (chacarera),  Los Ejes de mi Carreta (milonga ), Para el que mira sin ver (canción), Melodía del Adiós y Danza Rústica (gato), La Pobrecita (zamba), Chacarera de las Piedras (chacarera),  Cruz del Sur (malambo) y Luna Tucumana (zamba).

Atahualpa Yupanqui nació y paso sus primeros años en Pergamino. Pero poco se sabe de “Nenette”. Su verdadero nombre era Antonieta Paula Pepin Fitzpatrick y nació en la Isla de Saint Pierre et Miquelon (San Pedro y Miguelo) en la costa atlántica de Canadá. Por ser una colonia de Francia, Antonieta nació francesa.

Su padre Emmanuel Víctor Pepin era francés y su madre Henriette Fitzpatrick, canadiense de origen irlandés. Durante la Primera Guerra la familia se trasladó a Francia. Al poco tiempo murió su madre y la niña fue enviada pupila a un colegio de la ciudad de Caen junto a su hermana mayor Jeanne Henriette (Juana Enriqueta).

Ambas hermanas se destacaron en algunas artes durante el pupilato: Juana en dibujo y pintura. Antonieta en música y en particular el piano, instrumento por el cual sentiría una pasión que jamás la abandonaría.

Habiendo terminado sus estudios secundarios con las notas más brillantes, Juana se embarcó, tiempo después, junto a una compañía de danza rumbo a una gira en el año 1926, que la llevaría al llegar a Buenos Aires a conocer el que sería su primer marido y afincarse en nuestro país.

Al terminar Antonieta sus estudios recibió junto a su padre la invitación de viajar a Argentina para instalarse también.

Lo hicieron en 1928 y a partir de allí Antonieta se instaló en Villa Ballester con su padre. Prosiguió sus estudios de piano, ya avanzados, en el Conservatorio Nacional de Música recibiendo la formación musical de importante profesores de entonces. Pascual de Rogatis, Juan José Castro figuran entre aquellos maestros en composición y armonía.
También compartió estudios con una mujer que luego sería conocida mundialmente por sus investigaciones en materia de folclore: Isabel Aretz.

Antonieta inició una serie de presentaciones como concertista de piano por el país y, en una de ellas, en 1942 llegó a Tucumán, donde después de un concierto solicitó a los organizadores escuchar música folclórica de nuestro país. Allí fue dónde se conoció con Atahualpa Yupanqui, con quien mantuvo un vínculo amistoso y años después en 1946 empezaron a convivir.

Antonieta dejó su carrera de pianista y se puso al servicio de la obra y el talento de su marido. En tiempo de las persecuciones a las que fue sometido Yupanqui, Nenette (así la llamaba la familia cariñosamente desde pequeña), se dedicó a su hijo Roberto, nacido en 1948, y a componer junto a Yupanqui.

Antonieta eligió como seudónimo Pablo Del Cerro, por Pauline y por su lugar amado, Cerro Colorado
Nacieron así las melodías de Luna Tucumana, el Alazán, Indiecito Dormido, Chacarera de las Piedras, Agua Escondida, La del Campo y tantas otras que hoy son famosas en el mundo.

En 1961 regresó a su país durante unas vacaciones con su hijo Roberto. Luego, cuando Yupanqui empezó a viajar con frecuencia al exterior, lo acompañaba hasta Paris y allí lo aguardaba en un departamento pequeño que habían alquilado. Tuvo solo un hijo y tres nietos, Paula, Muriel y Emiliano.
Antonieta -Pablo del Cerro- , falleció en el año 1990 de un paro cardíaco en Buenos Aires y solicitó que sus cenizas, de ser posible, fueran echadas al mar, en el Atlántico Norte.

Hoy su obra se considera como una de las obras del canto y de la música popular más importantes de la Argentina. A pesar de ser una de las compositoras más importante de nuestro país, jamás renunció a su nacionalidad francesa.


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