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Entrevista

Antelo: “Ya no hay más alumnos”

Licenciado y profesor en Ciencias de la Educación y doctor en Humanidades y Artes, Estanislao Antelo se convirtió en referente de pedagogos y docentes por su particular y aguda visión de la educación argentina. En la segunda parte de la entrevista realizada por El Universitario, Antelo desanda los caminos de la historia docente y explica la distinción entre alumnos y “pibes”.

-Respecto a los docentes, ¿por qué cree que en la opinión pública aparecen como los que no trabajan, tienen tres meses de vacaciones y no le enseñan a los chicos?

– Los docentes trabajan mucho y están agotados. Se minimiza el valor que tiene el trabajo docente. Esta conversación en parte se la debemos a la «vieja» de Lengua. ¿O no? El asunto es que los que ingresan a la docencia cuando son consultados sobre los motivos de su elección rara vez ponen en el centro de la escena la noción de conocimiento. Los conocimientos, como decía Norbert Elías, son medios de orientación. Sin ellos, nos desorientamos más fácilmente. Aunque no hablo sólo del conocimiento escolar. Lo que ocurre es que muchos han decidido ser docentes porque les gusta trabajar con chicos. Y eso es un problema, creo. Los profesorados son profesorados de disciplinas, materias, áreas de conocimiento. No son profesorados de chicos…

– Da la impresión de que los maestros están cada vez más desprotegidos frente a la protección de autoridades, medios y padres hacia los alumnos.

– Es así. La sociedad sospecha de la legitimidad de los maestros. Es preciso decir que nunca tuvieron esa famosa autoridad que todo el mundo anda buscando. Ser maestro nunca fue algo de prestigio. Es una leyenda que inventamos y que no nos hace para nada bien. Pero si no ponemos en el centro de la tarea pedagógica al trabajo del maestro, estamos en problemas. No digo colocar en el centro al maestro sino a su tarea, que no es lo mismo. Están todos fascinados con los chicos, con los jóvenes, todos son expertos en “pibes”. Y se olvida que para funcionar la escuela precisó fabricar alumnos. Hay varios pensadores que nos recuerdan que ya no hay más alumnos. Y eso es, a mi manera de entender, irreversible.

-¿Ahora no hay alumnos, hay “pibes”?

– Claro, pibes. Es la famosa subjetividad, que por otra parte, bienvenida sea. Pero no es lo mismo enseñarle a un alumno que a un pibe. Un alumno es un artificio, alguien al que se le supone una ignorancia y una capacidad de aprender. Alguien cuya identidad está en segundo plano. Cuando entrabas a la escuela las maestras te secuestraban todo rastro de identidad. Te decían: ¿Dónde se cree que está Antelo? Decirle por su apellido a un niño, ¿qué es? ¿Qué significa?

-Otro debate es que la secundaria no prepara para la universidad.

-El asunto es que la Universidad se inventó para los ya educados, para los que en realidad ya tenían más o menos escrito su destino en términos de educación. Se los llamo «los herederos». Decir que lo que lograron fue por el esfuerzo es mentir descaradamente. Por otra parte, eso de andar pidiéndole cuentas a la secundaria es un acto complejo y típicamente quejón, de los universitarios.  Como dice Gabriela Diker, no tiene sentido culpar a la secundaria. La secundaria no vino del cielo, es nuestro invento. Su fracaso no es privativo de la escuela, recorre todos los rincones de la vida social. Por lo tanto, el asunto es trabajar con la secundaria y no contra. Tal vez no haga falta que los ricos vayan a la escuela. ¿No? ¿Para qué? Si para que les vaya mal deben hacer un esfuerzo enorme. ¿No es cierto? Digo, tal vez sea mejor distribuir todo el dinero y el esfuerzo en los que están en posiciones frágiles. No sé, me pregunto: ¿para qué educar a los ya educados?

-¿Y ahora se siente una «invasión» al democratizar la escuela?

-Sí, invasión. Todos deberían ver la “guerra de los mundos” basada en una novela de Orson Wells. Cuando los pobres invaden las escuelas, lo que se escucha es “a mí nadie me preparó para esto”. En realidad, los ricos son ricos, tiene más “peloponesos”, “más triángulos rectángulos que los pobres”. ¿De dónde los sacaron?

-¿Respuesta?

– Yo tengo mi propia respuesta, pero cada uno debería hacer el intento de buscar la suya. Eso podría ayudarnos a entender mejor la noción de justicia educativa.


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